Más historias de las vacaciones

Y seguimos con lo que han dado de si estos días. La cena en El Perelló, dio para mucho más. A parte del capítulo "cucaracha chiguagua" os hablaré ahora de lo bien que nos sirvieron. Mira que me han pasado cosas en restaurantes, que se equivoquen en un pedido, es algo normal, pero lo de esa noche fue increíble. Para empezar os diré que pedimos un Crujiente de Verduras como plato de entrante y luego yo unos Spaguetti con roquefort y nueces, y Carlos Spaguetti con salmón y queso. Y para beber un Lambrusco. Os explico esto, no para que os de envidia, y salgáis corriendo a un Italiano, es solo porque si no, no entenderéis lo que vino a continuación. Para empezar el vino, lo trajeron enseguida, pero caliente. Ya sabéis que un Lambrusco caliente es ideal...Pero bueno. También me gustó, que para beber no hubiera una triste copita, sino un par de vasos, que podrían ser de la tasca de barrio más cutre que os podáis imaginar. Eso fue el comienzo. Tras media hora, sí sí, media hora de espera, sin tener nada más que el vino en la mesa, con lo que se calentó bastante más (capítulo cucaracha voladora sucedido durante esta media hora), se nos acerca la que parecía la dueña del sitio y nos pregunta: "¿Habéis pedido hace mucho, no?" y nosotros: "pues sí". Y nos pregunta que habíamos pedido. Se lo decimos. Se mete para adentro y nos dice, "perdonad, en seguida sale". Y es cierto, salió en seguida el Crujiente de verduras, media hora después de habernos dicho, "en seguida sale". Así que empezamos a cenar una hora después.  Terminamos el entrante, pasa otro cuarto de hora y me traen un plato de Spaguetti con verdura y no sé que más. Yo: "yo no he pedido esto", y la camarera que calculo tendría 20 años (13 mentales): "No???" y yo: "No".  Camarera: "Entonces que?" Le digo lo que he pedido en realidad y se queda muda mirando al plato, como si por mirarlo, se fuera a convertir en lo que había pedido. Total que le digo, "mira déjalo, me como esto mismo". Camarera pava: "seguro??" Clienta cansada, osea yo: "sí tranquila seguro". Ok. A esto, ha pasado casi hora y media que llegamos y el Lambrusco es caldo. Me quedo el plato y le digo a Carlos, "espero a que te traigan el tuyo para empezar". Un cuarto de hora después, preguntamos: "Oye, os acordáis que falta otro plato, verdad??" y viene la super camarera: "sí, canelones, verdad??" Nosotros con cara de pocker: ¿¿¿¿?????. Y ella, repite: "eran canelones" y nosotros: "pues no". Le repetimos lo que era. Y se queda con cara de pava mirando, como si fuéramos dos gilipollas que no sabemos lo que hemos pedido. Se va para adentro y sale la dueña. A ver, me podéis repetir desde el principio toda la nota. (A todo esto, la nota, nos la había tomado un camarero Rumano, que no se volvió a acercar en toda la noche, debe ser que solo se dedica a tomar las notas, cosa que como veis hace genial). Le repetimos la nota entera, y ella dice: "Ah, pues nosotros teníamos, Spaguettí Boloñesa y Canelones" Y nosotros de nuevo: ¿¿¿¿¿?????. Se vuelve a meter, a todo esto, ni un disculpad ni medio. A los veinte minutos, me viene con mi verdadero plato: "Oye mira, que ha salido el tuyo ahora", Me lo cambian por el que yo tenía delante de mi hacía casi tres cuartos de hora, con todos mis gérmenes de estar hablando encima de ellos y se lo meten para dentro, supongo que alguien se lo comería después. Y después de otros quince minutos, por fin, aparece el verdadero plato de Carlos. Vamos que tras casi tres horas, conseguimos cenar lo que habíamos pedido, acompañado de un vinito calentito y una cucaracha aplastada en la entrada. Y oye, ni invitarnos a un chupito, ni hacernos descuento, ni perdonar, ni nada de nada. Pizzería Sime, en El Perelló, un servicio sin igual. Yo estoy a favor de que metan extranjeros a trabajar, oye se tienen que ganar la vida. Lo que no estoy a favor es que los metan por cuatro duros, valgan o no, y luego haya maravillosos camareros profesionales en la cola del paro por el mero hecho de ser Españoles y no dejarse explotar.
En fin hasta ahí nuestra maravillosa cenita en El Perelló. Eso sí, era la noche de nuestros 16 años de la primera cita, y ni todo aquello consiguió fastidiarla. Nos lo tomamos a risa, y es más, hasta dejamos propina.

Comentarios

  1. Propina? Hoja de reclamaciones, que no es lo mismo nenita... A mí una vez me sacaron un triste sandwich que había pedido hacía un par de horas, cuando todos habían cenado ya, y por mis cojones (perdón, ovarios, que cojones no tengo) no me lo comí. Y encima les sentó mal a los del bar! Ya no he vuelto por allí. Hay fallos, y fallos...

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  2. Ya te digo. Mira, porque era la noche que era, íbamos de buen rollo y no quisimos liarla. Pero daban ganas. Es que fue de película de risa vamos. Y por lo menos si dices, que se marcan un detalle al final con el cliente. Chica un triste chupito, que ya te lo ofrecen en cualquier sitio. Pero nada. Ni siquiera se disculparon.

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